Durante décadas, la industria pesquera fue uno de los motores productivos más relevantes de Chile. Desde plantas de harina de pescado hasta procesamiento de productos marinos y producción de alimento para peces, el sector se consolidó como una pieza clave para las exportaciones y el desarrollo industrial del país.
Pero hoy, además de los desafíos productivos, la industria enfrenta una presión creciente desde otro frente: el impacto ambiental y comunitario de sus operaciones.
Y dentro de esa conversación, hay un tema que se volvió imposible de ignorar: los olores industriales.
Lo que durante años fue tratado como una molestia inevitable del proceso productivo, hoy se transformó en un desafío estratégico que puede afectar continuidad operacional, fiscalización, reputación y relación con las comunidades.
El problema ya no es solo el olor
En operaciones asociadas a productos marinos derivados —especialmente harina y aceite de pescado—, las emisiones odoríferas son parte natural del proceso industrial.
La descomposición orgánica, el tratamiento térmico y el manejo de residuos generan compuestos complejos, entre ellos sulfuro de hidrógeno (H₂S), uno de los gases más asociados a este tipo de operaciones por su característico olor y sus riesgos ambientales y operacionales.
Pero el problema hoy va mucho más allá de la percepción olfativa.
En Chile, las denuncias asociadas a olores industriales han aumentado sostenidamente durante los últimos años. Según datos de la Superintendencia del Medio Ambiente (SMA), los olores se encuentran entre las principales causas de denuncias ambientales ciudadanas, especialmente en sectores vinculados a residuos, agroindustria y procesamiento de recursos hidrobiológicos.
En ciudades costeras como Talcahuano y Coronel, los episodios asociados a emisiones provenientes de plantas pesqueras y de harina de pescado han generado históricamente conflictos con comunidades cercanas, cobertura mediática y fiscalizaciones ambientales. De hecho, estudios encargados por el Ministerio del Medio Ambiente para el desarrollo de la regulación odorífera del sector analizaron explícitamente el impacto económico y social que estos episodios generan sobre la calidad de vida de la población.
Chile endurece las exigencias para el sector
En 2023, el Ministerio del Medio Ambiente publicó el Decreto Supremo N°9, que establece la “Norma de Emisión de Olores para el Sector Pesquero”, aplicable a plantas de harina y aceite de pescado y plantas de alimento para peces.
La normativa —una de las primeras regulaciones específicas sobre emisiones odoríferas en Chile— busca reducir el impacto ambiental y comunitario asociado a este tipo de operaciones mediante exigencias de monitoreo, control operacional y límites de emisión.
Entre otras medidas, el decreto establece:
- reducción progresiva de emisiones odoríferas
- control de fuentes emisoras
- implementación de mejores prácticas operacionales
- monitoreo y seguimiento técnico
Además, contempla distintos plazos de cumplimiento dependiendo de si se trata de instalaciones nuevas o existentes.
Esto marca un cambio importante para el sector. Las empresas ya no solo deberán reaccionar frente a reclamos o fiscalizaciones puntuales, sino demostrar capacidad de control continuo y gestión ambiental real sobre sus operaciones.
La industria pesquera no es el único sector bajo presión.
Revisa también nuestro análisis sobre la nueva normativa de olores 2026 y cómo está cambiando las exigencias ambientales para múltiples industrias en Chile.
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Un conflicto histórico en ciudades costeras
El problema de los olores en la industria pesquera no es nuevo en Chile.
Zonas como Talcahuano, Coronel y otras ciudades costeras han convivido durante años con conflictos asociados a emisiones provenientes de plantas industriales y producción de harina de pescado. Durante distintos periodos, medios nacionales y regionales han reportado episodios de malos olores que derivaron en reclamos vecinales, fiscalizaciones y tensión entre comunidades y empresas.
En paralelo, distintas municipalidades y organismos ambientales continúan reforzando controles frente a denuncias ciudadanas relacionadas con emisiones odoríferas en sectores industriales costeros.
La diferencia es que hoy existe mayor sensibilidad ambiental, comunidades más organizadas y consumidores mucho más conscientes respecto al impacto de las operaciones industriales sobre el entorno.
Y eso cambió completamente el escenario para las empresas.
El desafío técnico detrás de las emisiones
Uno de los grandes problemas de este tipo de operaciones es que las emisiones odoríferas son complejas y variables.
Factores como temperatura, humedad, ventilación, carga orgánica o condiciones operacionales pueden modificar completamente el comportamiento del ambiente industrial.
Además, gases como el sulfuro de hidrógeno (H₂S) presentan riesgos adicionales. Diversas investigaciones internacionales han advertido que este compuesto puede generar efectos sobre la salud, riesgos de corrosión y problemas operacionales en ambientes industriales.
En acuicultura intensiva, por ejemplo, estudios técnicos han asociado la acumulación de H₂S a eventos críticos dentro de sistemas de recirculación acuícola cuando las condiciones operacionales favorecen su formación.
El problema es que muchas veces estas emisiones no son constantes ni lineales. Cambian según el proceso, el clima, el estado de los residuos y las condiciones de operación, lo que vuelve mucho más complejo su control.
📊 El nuevo escenario para la industria pesquera

Las soluciones temporales ya no alcanzan
Durante años, muchas operaciones enfrentaron estos problemas con medidas reactivas: neutralizadores puntuales, mitigación temporal o acciones activadas únicamente frente a reclamos.
Pero el contexto cambió.
Hoy las empresas necesitan monitoreo constante, trazabilidad, control ambiental continuo y estrategias preventivas capaces de adaptarse a las características específicas de cada operación.
Porque el problema ya no es solamente técnico. También es operacional, regulatorio y reputacional.
En todos estos casos, el desafío es similar: mantener la continuidad operacional mientras se reducen simultáneamente las emisiones y el impacto ambiental sobre el entorno. Y ahí es donde muchas empresas están descubriendo que las soluciones temporales o genéricas ya no son suficientes frente al nuevo escenario regulatorio y comunitario.
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La sostenibilidad pasó a ser un factor de operación
Lo que ocurre en la industria pesquera refleja una tendencia global mucho más amplia.
La sostenibilidad dejó de ser únicamente un discurso corporativo para transformarse en una exigencia concreta de operación.
Hoy las empresas deben demostrar control ambiental, reducción de impactos, relación responsable con comunidades y continuidad operacional sostenible.
Y eso implica incorporar nuevas tecnologías, mejores prácticas y modelos de gestión ambiental mucho más robustos.
Una mirada desde la industria
Según explica Jaime Kong, CEO de Odorox by Pyure Chile:
“La industria pesquera enfrenta uno de los escenarios más exigentes desde el punto de vista ambiental. Ya no basta con reaccionar cuando aparece el problema. Hoy las empresas necesitan demostrar gestión real sobre sus emisiones y operar con una mirada mucho más preventiva.”
Y agrega:
“Las organizaciones que logren integrar sostenibilidad, control ambiental y continuidad operacional van a tener una ventaja importante en los próximos años.”
La industria pesquera entra en una nueva etapa
La industria pesquera chilena enfrenta una nueva etapa.
Una donde los desafíos ambientales, comunitarios y operacionales estarán cada vez más conectados.
Las emisiones odoríferas dejaron de ser un problema secundario para transformarse en un tema estratégico que puede afectar directamente la continuidad y competitividad de una operación.
Y en este nuevo escenario, las soluciones temporales ya no son suficientes.
El desafío ya no es solo producir: es operar de forma sostenible
Hoy existen tecnologías capaces de actuar sobre emisiones odoríferas y ambiente industrial de forma continua, ayudando a reducir compuestos contaminantes y mejorar las condiciones operacionales sin afectar los procesos productivos.
En un contexto donde la regulación y la presión ambiental seguirán aumentando, anticiparse puede marcar una diferencia crítica.
