Qué pasa sin purificación ambiental en interiores
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Qué pasa sin purificación ambiental en interiores

Durante años, el aire interior fue un tema de confort.

Si la sala no olía mal y nadie reclamaba por calor, el recinto se daba por bueno. La contaminación era “lo de afuera”: el smog de invierno, las alertas ambientales, las chimeneas industriales.

Ese supuesto ya no se sostiene.

Hoy se sabe que el aire de un pabellón, un laboratorio, una sala de procesos o una oficina cerrada puede estar más cargado que el de la calle. Y que lo que no se ve en ese aire termina apareciendo en licencias médicas, fiscalizaciones y operaciones detenidas.

El aire de adentro, en cifras

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación del aire interior y exterior, combinadas, causa 6,7 millones de muertes cada año en el mundo.

El dato que más pesa para quien administra instalaciones viene de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA): las personas pasan en promedio cerca del 90% de su tiempo en interiores, donde la concentración de algunos contaminantes suele ser entre 2 y 5 veces mayor que en el exterior.

Entre esos contaminantes, el más estudiado es el material particulado. Según la EPA, las partículas menores a 10 micrómetros son inhalables, pueden llegar a lo profundo de los pulmones y algunas incluso al torrente sanguíneo.

Sus efectos documentados van de lo leve a lo grave:

  • irritación de ojos, nariz y garganta
  • agravamiento de enfermedades respiratorias y coronarias
  • muerte prematura en personas con patologías cardíacas o pulmonares

La misma agencia advierte que los niveles de material particulado en interiores pueden superar a los del exterior e incluso los estándares de calidad del aire ambiental.

En Chile, el problema tiene una capa adicional. El Ministerio del Medio Ambiente (MMA) identifica la combustión residencial de leña como la causa central de las emisiones de MP2,5 en el sur del país, y ciudades como Santiago, Temuco, Padre Las Casas, Coyhaique y Rancagua enfrentan episodios críticos de forma recurrente. Ese aire es el que entra a los edificios.

Qué se acumula cuando nadie trata el aire

Un espacio interior sin purificación ambiental no está “vacío”. Concentra lo que entra desde afuera y lo que se genera adentro.

Los contaminantes en interiores más comunes en recintos críticos son:

  • material particulado fino que se infiltra desde el exterior
  • compuestos orgánicos volátiles de productos de limpieza, solventes y materiales
  • bioaerosoles: bacterias, virus, esporas de hongos
  • moho asociado a humedad en ductos, cámaras y bodegas
  • gases de combustión y olores de proceso

A esto se suma un efecto poco intuitivo. La EPA señala que los edificios construidos para ser energéticamente eficientes, cuando no tienen ventilación mecánica suficiente, tienden a acumular más contaminantes. Se gana en eficiencia y se pierde en renovación de aire.

El resultado es un problema de calidad del aire que no avisa. No hay humo visible ni olor evidente. Hay dolores de cabeza, fatiga, ausentismo y, en recintos sensibles, riesgo de contaminación cruzada.

Partículas suspendidas en el aire de una oficina cerrada iluminadas por la luz

Lo que la normativa chilena ya exige

En Chile, el aire interior de un lugar de trabajo no es una decisión voluntaria.

El Decreto Supremo 594 del Ministerio de Salud (MINSAL), que regula las condiciones sanitarias y ambientales básicas en los lugares de trabajo, obliga en su artículo 3° a mantener condiciones que protejan la vida y la salud de los trabajadores, incluidos los de empresas contratistas.

Su artículo 32 es más específico: todo lugar de trabajo debe mantener, por medios naturales o artificiales, una ventilación que no cause molestias ni perjudique la salud de quienes trabajan ahí. La norma considera además un volumen mínimo de aire fresco y limpio por trabajador.

El cumplimiento lo fiscalizan la SEREMI de Salud y la Dirección del Trabajo. Y la fiscalización no es teórica: en Antofagasta, la Dirección Regional del Trabajo suspendió locales comerciales y áreas de supermercados por condiciones de ventilación deficientes, invocando precisamente el DS 594.

Las consecuencias posibles de un incumplimiento incluyen:

  • sumarios sanitarios y multas.
  • suspensión de faenas o cierre de áreas
  • observaciones en auditorías de inocuidad o acreditación
  • exposición a demandas por enfermedad profesional

Las industrias donde el aire no tratado sale más caro

No todos los recintos enfrentan el mismo riesgo. Hay operaciones donde la calidad del aire es parte del producto o del servicio.

Salud. En pabellones, unidades de pacientes críticos y salas de espera, los bioaerosoles son una vía de transmisión. Los pacientes con enfermedades respiratorias o cardíacas, adultos mayores y niños son justamente los grupos que la EPA y el MMA identifican como más vulnerables.

Industria alimentaria, pesquera y cárnica. Esporas y bacterias en suspensión se depositan en superficies de contacto. El aire es un vector que muchos programas de inocuidad todavía no controlan con la misma rigurosidad que el agua o las superficies.

Educación. Las salas de clases concentran muchas personas por metro cuadrado. La EPA destaca que los colegios pueden tener hasta cuatro veces más ocupantes que una oficina en la misma superficie, con menos mantención.

Minería y procesos industriales. Campamentos, comedores y salas de control funcionan con turnos largos y espacios cerrados. Un brote respiratorio puede comprometer la dotación de toda una faena.

Hotelería, gastronomía y oficinas. Aquí el riesgo es doble: sanitario y reputacional. Un olor persistente o un caso de moho visible se traduce rápido en reclamos.

Planta de alimentos donde la calidad del aire interior incide en la inocuidad

El error más común: esperar a que alguien reclame

En la mayoría de las instalaciones, el aire interior se gestiona de forma reactiva.

Se cambia un filtro cuando se tapa. Se revisa la ventilación cuando llega una denuncia. Se sanitiza cuando aparece un brote.

El problema es que, cuando el síntoma es visible, el costo ya ocurrió. El ausentismo se acumuló, la auditoría ya tiene la observación o la fiscalización ya está en curso.

Hay tres señales de que una operación sigue actuando tarde:

  • no existe medición periódica de CO₂, humedad ni partículas
  • la mantención de equipos de climatización (HVAC) se define por calendario y no por condición
  • la sanitización ambiental se activa solo ante contingencias

La humedad es un buen ejemplo. Mantenerla en rangos moderados, cerca de 30% a 50% en espacios habitados, ayuda a prevenir moho y hongos. Pero si nadie la mide, nadie sabe cuándo se salió de rango.

Hacia dónde se mueve el estándar internacional

En Estados Unidos, la EPA encargó a las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM) un estudio de consenso sobre los riesgos para la salud del material particulado fino en interiores y las soluciones prácticas para reducirlo. El aire interior pasó de ser un tema de confort a uno de salud pública.

En Europa, la revisión de la Directiva de Eficiencia Energética de Edificios incorporó criterios de calidad ambiental interior.

A eso se suman los criterios ESG. Certificaciones de edificios saludables como WELL o LEED incluyen la calidad del aire como requisito evaluable, y los reportes de sostenibilidad empiezan a pedir indicadores de salud ocupacional que antes no existían.

La dirección es clara: medir, documentar y demostrar, no solo cumplir el mínimo.

“Durante mucho tiempo el aire interior se trató como un tema de mantención. Hoy es un tema de gestión de riesgo. Una planta o un hospital que no sabe qué hay en su aire está operando a ciegas, y eso tarde o temprano aparece en una auditoría, en una licencia médica o en una fiscalización.”

— Jaime Kong, CEO de SurGlobal Odorox

El nuevo estándar: aire tratado de forma continua

La pregunta para un responsable de bioseguridad o instalaciones ya no es si su recinto cumple con ventilar.

Es si puede demostrar que el aire que respiran trabajadores, pacientes o productos está bajo control, todos los días y no solo el día de la auditoría.

Ese estándar combina tres capas:

  • ventilación y renovación de aire según normativa
  • filtración adecuada al tipo de partícula y recinto
  • sistemas de purificación de aire que actúen de forma continua sobre el aire y las superficies

En esa tercera capa, la tecnología de hidroxilos se ha consolidado como una alternativa para espacios ocupados. Replica un proceso de oxidación que ocurre de forma natural en la atmósfera y permite tratar el ambiente de manera permanente, sin depender de intervenciones puntuales ni detener la operación.

Es el enfoque que SurGlobal Odorox aplica en plantas de alimentos, recintos de salud como Clínica Indisa, faenas mineras y espacios educativos de Chile y Latinoamérica.

Porque la purificación ambiental no es un lujo de los recintos críticos.

Es lo que separa a una operación que reacciona de una que se anticipa.

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